sábado, 28 de junio de 2008

Caminaré desnudo por la avenida principal


Esta noche caminaré desnudo por la avenida principal. Ya puedo imaginar a la gente sacudiendo sus cabezas al verme vestido de nada, el policia que intentará detenerme y que gritará sus amenazas en mi cara, el vagabundo hebrio que blufeará y que luego de aquel esfuerzo caerá de golpe sobre el frio pavimento, las prostitutas que secretearan y sonreiran con ingénuas intenciones, los que algún día fueran mis amigos y que aún permanecen en las afueras del mismo bar - se harán a un lado -, evitando el contacto, evitando que alguien les reconozca y recuerde que una vez compartieron conmigo, puedo imaginar la mirada asquienta de un par de mujeres de avanzada edad, la risa burlona de los pandilleros, la mirada serena del cura, el horror de mis vecinos, el dolor de mis padres.
Esta noche caminaré desnudo por la avenida principal. Ya puedo sentir el sollozo de mi alma, el hielo interior de mi cuerpo, el frio inmerso dentro de mi corazón; puedo sentir como caen esas tibias lágrimas sobre mi pecho, puedo sentir como tiemblan mis manos y como lo hace todo mi cuerpo, puedo sentir las huellas del dolor, las sombras del miedo; puedo sentir la voz de mis lamentos, la voces desesperadas del amor, los bramidos del odio, el silencio de mis dudas.
El barco se hunde y yo voy dentro.
Esta noche caminaré desnudo por la avenida principal. Sé que será mi última noche y a pesar de ello lo haré como lo he hecho en años, abrazado en la nada, buscando refugios, buscando amores. Caminaré desnudo como lo hice siempre, confuzo, inquieto y desolado, tal vez triste, tal vez angustiado; caminaré desnudo como lo hice siempre, porque nunca hice algo distinto, porque nunca me esforcé por romper mi destino, porque nunca me observé o porque nunca me escuche a mi mismo.
Esta noche caminaré desnudo por la avenida principal. Ya puedo imaginar mi andar, una chaqueta negra, un jeans y unas zapatillas cubren mi cuerpo, me moveré en zancadas, escapando del misterio, estancado en mis sueños, arrebatando deseos; puedo sentir la velocidad de mis pensamientos, el ritmo de mis ideas, las instrucciones del rencor.
Esta noche caminaré desnudo por la avenida principal. Desafiando a la vida y la muerte, desafiando al temor y al deseo. Será mi última noche en penumbras, mi última prosesión, mi último lamento; esta noche será un adios, me despido de quien fui y le doy la bienvenida al que ocupe mi cuerpo en la mañana, venido por la gracia y esperanza de un nuevo amanecer.

Escrito por Jorge Eduardo Rojas
Sábado 28 de Junio de 2008

domingo, 22 de junio de 2008

Un par de tequilas, una película


Un par de tequilas, una película y un coctel sobre la alfombra eran los ingredientes perfectos para combinar la tranquilidad de una noche sabatina, una noche alejada del ruido y del mundo. Los efectos de una noche perfecta los abrazaba e invitaba a contemplarse calmadamente - y vaya que lo hacían - las estrellas se acercaban hasta observarlos de cerca, la oscuridad reposaba ante el deleite de verles juntos y en paz. Jugaban a ser chef, jugaban a olvidar sus divisiones y a olvidar sus temores, lo hacían y se divertían, reían, a veces lloraban, conversaban sin importar el motivo. Mientras se abrazaban, miraban y besaban, aceitunas ácidas, sal y tequila maridaban en sus paladares. El film avanzaba, imágenes y sub-títulos vagaban sin sentido ni objetivo, los besos se habían ganado el protagonismo, los besos habían convertido a esa noche de sábado en una noche especial. Un par de tequilas, una película, la misma pasión de siempre, el mismo deseo presente. 2AM ya siendo domingo, el ventanal entre abierto daba espacio para que una brisa fresca les rozará el rostro, el viento se llevaba consigo cualquier intento de separación que había atestado el pensamiento durante la semana; se peleaban constantemente, necios, tercos y absolutos, se alejaban y olvidaban de su magia. Hoy siendo ajeno y más maduro he logrado comprender que nunca hubo razones para albergar distancias, hoy que ya es tarde no les puedo hablar, ni menos aconsejar, y para ser sincero prefiero que no perciban mi voz, prefiero que no sepan que esta noche invoque sus nombres, hoy se los ha llevado el tiempo, saciados de ira, cargados de miedo, lejos de sí, lejos de mi.


Un par de tequilas, una película...en honor por mis amigos que yacen dormidos uno junto al otro, bajo el lodo, bajo el olvido de aquel sentimiento que un día fue amor.


Escrito por Jorge Eduardo Rojas
Sábado 21 de Junio de 2008

miércoles, 4 de junio de 2008

Una ilusión perpetua

Me levanté del escritorio, tomé el teléfono y la llamé. De una vez por todas lo estaba haciendo; basado en motivos que aún no logro comprender, aunque más allá de las dudas fue un acto con gran fortaleza y decisión, con gran ánimo y con una felicidad evidente.
Mientras esperaba atento la llegada de su voz los latidos de mi corazón arremetían su ritmo en mis oídos y superaban el sonido ofuscado del auricular, en tanto, la situación o la espera comenzaban a manifestar su crueldad, durante milésimas de segundo quise cortar la llamada -tal vez debí hacerlo y dejarla en paz.  Mantuve mi impulso para así no arrepentirme atado al miedo, espere su voz para decirle todo lo que siento, decirle cuanto lamento que lo nuestro haya terminado, decirle que aún no se escapan los sueños, nuestros sueños.
Un nuevo suspiro y desde el agudo silencio apareció una voz en mi oído, confundido, aturdido, lancé un alo! - era ella, me saludo amablemente, le hable en pausas y con voz serena, le salude; las frases y preguntas típicas marcaron el enlace inicial - cómo estás? como te ha ido? - en un ir y venir tanto suyo como mio.
Mientras me iba describiendo los nuevos pasajes de su vida, lamenté no haber estado a su lado, sentí envidia, envidia no se de que porque hasta ese momento no habló de un nuevo amor, no lo hizo, pues no existía.  Fugazmente pensé que ambos nos estuvimos estorbando, ya que nuestras vidas eran superficialmente mejor que en la época de nuestro vivir.  Repetidamente le interrumpí para hablar un poco de mi, también tenia cosas para decirle, cosas buenas, matices nuevos en mi vida, que me enorgullecian y que ansiaba compartírlos, dedicárselos.
Ahí estaba al teléfono, escuchándola y caminando de lado a lado, a una velocidad que me volvía más ansioso.
Su voz me llenaba de cariño, era su tono alegre, eran sus sonidos seduciendo a mis oídos - me sentía confundido, aturdido y cada vez más ganoso de verla, de tenerla nuevamente entre mis brazos, de besarla para llevarla conmigo a la eternidad, a través de los sueños, de la vida placentera y pura.  Un sentimiento de paz se adueño de mi alma y me sentí algo más pleno. 
Paz efímera, me abandonó cuando como por razón que sólo se aprecia ante un mal hechizo, vi su rostro cerca del mio, sentí un estallido en ansiedad y desesperación, de miedo, miedo de fracazar una vez más, de romperle el corazón una vez más.  Tantas cosas que quise contarle, agradecerle, hechos gratos y plagados del éxito que esperamos juntos.
Fue un dialogo grato, lo fue para ambos y quedo manifestado en la sintonía de nuestras voces, en la afinidad de nuestra voluntad.  Afortunadamente fue tan sólo eso, una manifestación de buenas intenciones, intenciones que en el pasar del tiempo serían atacadas y perpretradas por la inseguridad, por el capricho inmaduro.
Escribo estas líneas en su memoria, a su amor por mi y mi amor por ella, al recuerdo vivo y rico en emociones placenteras, a la virtud de un amor hermoso pero definitivamente abatido por las tormentas nocturnas venidas de la frialdad de mis miedos, por la sensación y temor a que nuestro amor no sea más que una ilusión, una ilusión perpetua y desamparada por mi corazón.