domingo, 18 de diciembre de 2011

Mi mujer es una extraña

De pronto una mañana te das cuenta que a pesar de todos tus intentos, a pesar del esfuerzo y del amor derramado, de las palabras y del tiempo, del cariño y el deseo, hay sueños y sentimientos que no se encuentran en el sendero de la vida, pues caminan en sentidos distintos, en una busqueda contigua pero ajena.  Ella anhelando la llegada de su luna, y yo inspirado por un majestuoso amanecer, ella respirando palabras simples, y yo nutriendo mi voluntad más allá de lo evidente.  Cierta y tempranamente lo supe, aunque aferrado en esperanzas de la piel me mantuve dispuesto a esperar, a contemplar y esperar un nuevo amanecer, ese que nos traería la comunión mutua, la contemplación sincera, dispuesta y orgullosa, ese amanecer que nos despertaría bajo el mismo sol, bajo la misma sombra.
De pronto una mañana te das cuenta que en tu cama -a tu lado hay una extraña-, una mujer cuyo cuerpo has abrazado y te ha llenado de deseo, una mujer con la que has dormido innumerables noches, una mujer con la que has desepertado tantas veces que dejó de ser importante, es una mujer extraña, una mujer que no te conoce, no sabe lo que piensas, ni siquiera comparte tus sueños.  Es una mujer buena, una mujer preciosa, es sana y de buenas intenciones, pero no huele los aromas que yo huelo, no vé las cosas que veo, no habla en el dialecto en el cual lo hago y por tal, escucha cosas que difieren a las que digo; la observo detenidamente, ahi están sus manos suaves y mansas, su ojos tibios, su pecho calido, su piel tersa y palida, su cuerpo perfecto; es una mujer desconocida, nuestros recuerdos y momentos estan frescos pero no la reconozco, no puedo oirla, no logro comprenderla lo que en ocasiones me desvía hasta perderme dentro mi mismo; no puedo sentirla, no se si tiene calor o frio, sus reflejos estan callados y se mueven bajo inercia, creo o ciertamente sé que respira motivada por el mismo anhelo de amor que nos une.  Esta mujer es una extraña, me mira y no me habla, le hablo y no me mira, esta mujer es una intrusa, una intrusa a la cual le hable de mis sueños, le hable de mis miedos, le hable con la voz de mi alma.  Para ser justo debo confesar que no me ha forzado a nada, no me ha invitado a apoyarme en su hombro aunque lo he buscado en un par de ocasiones sin esmero ni resultado, para ser justo debo deciros que jamas me ha pedido algo.
Recuerdo que una tarde, una buena tarde de invierno nos detuvimos a leernos los sueños, esto es algo literal y cierto, pues ambos escribimos cuales eran nuestros anhelos para que el otro los leyera y conociera, seguramente este ejercicio nos ayudaría a encontrar puntos comunes, a buscar la forma de acercarnos el uno al otro; fue un buen punto de partida, fue un ápice para lo que pudo ser nuestro cielo, fue un trocito de mar para nuestro amor, pero también fue un buen final a las intenciones de concilio, el horizonte posterior siguió siendo el mismo, con la misma desesperanza, con la misma pendiente que nos separa más alla de lo neutro, más allá de la ilusión.
De pronto una mañana te das cuenta que a tu lado hay un alma en distancia, que tu compañera ha resultado ser una extraña, es una extraña -pero es mi mujer, es el sueño vivo de mi ser, es el fuego ardiente de mi vida, ella no lo sabe, y creo que por ahora es mejor que así sea.  La amo con todo mi ser, con toda la fuerza de mi sangre, se lo susurraré al oido, se lo diré cuando demos rienda viva al líbido, se lo dire mientras estemos juntos, mientras estemos vivos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Revelaciones Parte II - Palabras de mi Madre

"Ha semejanza del padre en la virtud, fecundo de la vida, de la semilla.  Entre ríos y polvo se encuentra el Padre abrazando a sus hijos".  Revelaciones Parte I - Creación

Con su mirada bondadosa me enseño las primeras frases del amor, palabras que vienen de mi esencia, palabras que brotan de mi virtud, virtud en gozo e inocencia, virtud que da luz y oscuridad, de la virtud que he dejado en el corazón de mi semejanza, y que brota por la inmensidad su fe.
Con su mirada bondadosa me habló mientras dormía, lo hizo con su voz cálida, tierna y susurrante, me habló de una luz infinita venidera de mis manos, me habló de la vida más allá del pensamiento, del espíritu que me abraza en todo mi ser y que ocultare entre los hombres, para que a través de el puedan ver al padre y a través del padre puedan verse a sí mismos.
Con sus manos acaricia mi rostro, intentando sanar las heridas que aún no tengo, sanando las heridas que aún no comprendo y que con el paso del tiempo los hombres de corazón débil rasgarán castigándome por su incomprensión, por su falta de fe, por su egoísmo y por su comprensible temor.  Heridas en mi cuerpo, llagas en mi piel, mi sangre-vuestra sangre derramada en la tierra, semilla del perdón y de la bondad se esparcirá en el infinito para llegar a todos generación tras generación, del padre al hijo y del hijo-padre al hijo, palabras de mi sangre, memoria al dolor del Padre y del Hijo.
Palabras de mi Madre.  Con su mirada bondadosa me hablo de un ángel, un ángel mensajero, un ángel que camina a paso lento por entre los sentimientos de mis hermanos, sus hermanos.  
A través de la luz recibo la vida, vagabundo soy por una noche y me paseo por entre las estrellas, un lugar que se torna especial pero del todo familiar, un fenómeno provocado por la mirada perdida que me domina, por saber que mis manos son la creación, por saber que mis manos son fuente de energía.
Palabras de mi Madre, palabras de vida, puente entre un universo explorado por las dudas y el infinito.  Me detengo un instante, mi llegada esta anunciada por los profetas que usan mi luz para anunciar confusiones, para otorgar caminos de vida eterna que sólo el Padre puede dar.  Anuncian mi venida, anuncian un plazo, con soberbia incitan al fin.
Mujer que entre sus brazos cansados me cubre sin importar su dolor, me alimento de su pecho cálido, brotan su calor y su pureza, hijo de la tierra y del Padre Celestial.
Palabras de mi Madre brotan de su voz y se inspiran en mi Padre, encienden una llama en mi alma para así mantenerme rodeado de su don, de su fe, de su virtud.
Con devoción hacia mi padre recibo plegarias y esperanzas, ilusiones y lamentos.  Portador de ilusiones, portador de las lagrimas del hombre veo como derraman la sangre de mis hijos, sus hermanos, en una lucha sin sentido que pretende acercarlos a mi reino, al palacio infinito de mi padre.  No os acerca ni os aleja, sólo los aleja de sí, los aleja de su propia convivencia, los aleja del perdón, y de la inmensidad terrenal.
Palabras de mi Madre, soy luz y oscuridad, soy vida, muerte y resurrección, soy el infinito, soy el tiempo, creador del universo, soy luz.
Palabras de mi Madre, mi protectora en este mundo, madre poseedora de una divinidad inmaterial, protectora de mis hijos, protectora de mi luz y de vuestra fe.

Revelaciones Parte II - Palabras de mi Madre