miércoles, 31 de diciembre de 2014

Vivir en plenitud es más


Más suspiros y más sollozos,
más risas y más lágrimas,
más rosas y más espinas,
más luz y más oscuridad.

Vivir en plenitud es más,

no nos exime del dolor ni os acerca a la perfección,
no nos esconde del miedo pero os aleja del fracaso,
no nos blinda ante el sufrimiento pero nos vuelve más fuertes,
vivir en plenitud es más,
sólo nos vuelve más sencillos y humanos,
sólo nos vuelve más hermosos y sinceros,
sólo nos vuelve más amados y nos encamina a la inmortalidad.

Más ilusiones y más emociones para el alma,

nuevas llamas y sentimientos para el corazón,
más amistad y más abrazos para la soledad,
más tiempo para los sueños, más pasión para el deseo.

JojorGe



PD: inspirado en un 2015 en plenitud

martes, 30 de diciembre de 2014

Si yo fuera el viento

Si yo fuera el viento,
caminante de las tierras, rebelde del silencio,
si yo fuera el viento,
usurpador del recuerdo, torpe frente al sentimiento,
ansioso por alcanzar las llaves del horizonte,
inquieto y fugaz, a veces ladrón de suspiros.

Si yo fuera el viento,

viento que arrastra la eternidad y al tiempo,
si yo fuera el viento,
espíritu deambulante del infinito,
fuerza penetrante que adormece el miedo,
pureza que renueva la fuente.

Si yo fuera el viento,
volaría más alto pero más lento,
si yo fuera el viento,
traería conmigo brisas de esperanzas,
siempre tibio para quien padece frío, 
siempre frío para quien padece ira.

Si yo fuera el viento,

me bañaría entre los ríos y el cielo,
si yo fuera el viento,
forjaría pactos con el fuego,
encendería una llama en cada corazón,
derretiría las cadenas, derretiría las monedas.

Si yo fuera el viento,

héroe sigiloso que aleja la basura,
si yo fuera el viento,
abrazaría aquel corazón perdido,
le llevaría lágrimas de tristeza y también de alegría,
si yo fuera el viento,
espíritu deambulante del infinito,
fuerza penetrante que adormece el miedo,
pureza que renueva la fuente.

JojorGe

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ruta del Condor

Son las 4:20 A.M. el despertador cumple su función, un estiramiento espontáneo se convierte en el primer movimiento muscular del día.  Despierto a Bruno que primeramente se niega a despertar, aunque apenas toma un ínfimo grado de conciencia con mucha energía se levanta de la cama, él también lo sabe, él también vibra tanto o tal vez más que yo con los privilegios de la naturaleza y de nuestro deporte.  Las mochilas preparadas desde el día anterior con el abastecimiento necesario tanto en alimentos, ropas, como en set de herramientas para eventuales fallas o problemas técnicos de la bicicleta, un buen desayuno y partimos.
La cita es a las 6:00 A.M., el grupo de entusiastas y experimentados mountain bikers reunidos esperando a que nos recoja el transporte que nos acercará a las montañas, hoy vamos a conquistarlas.  Cargamos las bicicletas con todo el cuidado que se merecen en el carro externo del bus, subimos a nuestro transporte tal como lo harían un grupo de niños de escasa edad, con la misma emoción, con el mismo brillo en los ojos sabiendo que se nos viene un aventura maravillosa.

Nos adentramos en la localidad de El Alfalfal a una altura de 1.330 metros sobre el nivel del mar en la comuna de San José de Maipo, el punto de partida ya es un lugar hermoso, cuenta con la presencia imponente de las montañas, de pronto me siento un tanto amenazado, tal vez un poco temeroso y dudoso acerca de si podré conquistar este desafío.  Ya estamos y el entusiasmo es mayor, el reto tiene componentes místicos y el grato ambiente que se percibe en el grupo hace que me vuelva más valiente, me siento muy acompañado.

A buen ritmo vamos penetrando los cerros y alcanzando una buena altura, el camino es noble y ancho, nos regala tempranamente unas vertientes que lo atraviesan, tomo contacto con el agua, salpicándome hacia el cuerpo -es un regalo. El sol aún es muy joven, pero cada vez más estamos más cerca, cada vez se vuelve más tangible, como si en algún momento fuéramos a tener contacto directo, sé que esto es un imposible, pero escribo desde las sensaciones que me fueron albergando en el camino.  Como publicó un amigo y compañero en esta aventura en un post de Facebook, "definitivamente esta ruta es mágica" y dicha mención me es totalmente cercana y cierta, me siento embriagado en silencio, la naturaleza con todo su esplendor, las montañas junto al mar son el pilar de su fuerza, de su impresionante belleza, a pesar de que nuestra civilización la ha maltratado y abusado, esta sigue maravillándonos, encantándonos con su hermosura, por momentos se bloquean los pensamientos y entro en un estado de meditación, de contemplación profunda.  Los rayos del sol me abrazan con fuerza, mis piernas bajo la inercia continúan con ese movimiento circular tan inherente al buen pedaleo, una suave brisa refresca mi frente y trato de seguir el paso del viento en su avanzada, en su fugaz presencia, se escapa y me saluda desde el horizonte sacudiendo las hojas de los árboles, es mágico, es perfecto, es tan sutil que en otra ocasión podría pasar desapercibido, estos detalles animan mis sentidos, momentos de culto; el perfume de una hierba se apodera de mi olfato y en consecuencia de mi pensamiento tratando de recordar su nombre, no logro identificarlo, no es hinojo, no es la hoja preferida de los conejos, pese a que en el camino se pueden ver innumerables madrigueras dejando de manifiesto que este hábitat les pertenece y que tan sólo nos invitan a recorrerlo y en nuestra calidad de invitados a respetarlos y cuidarlos, el perfume verde no me abandona, me reprocho no reconocerle.

En la medida que el camino se vuelve más exigente el grupo se va deteniendo hasta completar hasta el último entusiasta que por razones sin importancia se va rezagando, un pequeño descanso en el cual aprovechamos de conversar y tirar más una broma para luego continuar escalando la cuesta.  La naturaleza tiene lo suyo, la flora y la fauna son obra de la eterna maravilla, salvo los tábanos...ouch tábanos por todos lados, mordiéndome los brazos e incluso las manos atravesando el guante, un segundo de odiosidad a estos extraños insectos, aunque para ser justos ni siquiera un rasguño comparado con la majestuosa vista que tenia en 360 grados.

El asenso bordea los mil metros y nos detenemos en una de las cumbres a 2.300 m.s.n.m., es una estación reconocida y casi obligatoria, una antena eléctrica nos brinda unos centímetros de sombra, es hora de almorzar y descansar, aunque lo más destacado es la vista panorámica que nos obsequia el lugar, las sesiones fotográficas no se detienen.



Minutos más tarde continuamos pedaleando, el sol cada vez más osado te incita a esas alturas (literalmente) a acabar con las últimas reservas de agua.  Por fortuna metros más adelante pequeñas vertientes forman un diminuto caudal en el camino, el agua está sucia pero también ha de haber una minúscula quebrada que la lleve limpia y no me equivoco, sólo ante los ojos de amantes de la naturaleza se encuentra oculta una "llave" de la cual brota el mejor de los refrigerios, aprovecho de cargar mi caramagiola y bolsa de agua (camell-back), prácticamente vuelvo a nacer y me reincorporo al camino, aún quedan varios kilómetros por ascender.

Son jardines los que se apoderan del paisaje, colinas perfectas de algún tipo de mineral verde dibujan un entorno único, aunque debo reconocer que un tendido eléctrico contamina mi vista, omito esta invasión y continúo hasta un par de metros, me veo en la obligación de detenerme y decir que ante tal vista es imperdonable no tomar fotos y la tan requerida "selfie", lo hago y continúo pedaleando.

Misión cumplida: son 28,22 kilómetros de escalada, con gran esfuerzo llego hasta la cima a 2.541 m.s.n.m. donde ya se encuentran la mayoría de mis amigos y entre ellos mi hijo.  Que bendición poder compartir estas experiencias juntos, siento envidia de que a tan temprana edad ya pueda ser parte de estas vivencias, lo observo y sé que está disfrutando, lo veo feliz y compartiendo, siempre ansioso por ir un poco más allá, en ese instante reconozco que en nuestros corazones tenemos muchos álbumes de recuerdos muy similares al que capturamos hoy, pero siempre únicos.  Le agradezco a la vida por ese regalo, por gozar de esta suerte.  Me integro al grupo, conversamos, más fotos.


Los más conocedores de la ruta cuentan que la temporada para realizarla es entre los meses de noviembre y abril, es decir, únicamente en verano debido a la inclemencia del clima otoñal e invernal y los últimos fríos de primavera, dicen de manera bastante elocuente que en invierno el lugar es un campo de hielo, cubierto de blanco con una brisa que lo congela todo.
Iniciamos el descenso y aunque se advirtió lo contrario lo hicimos a gran velocidad, una que otra colina a menor altimetría y comenzamos a despedirnos del cielo, harta piedra y harto polvo, la nostalgia del cuerpo se manifiesta a través de un agudo cansancio, me recuerda que debo tener precaución.  Para mi sorpresa aún quedan regalos, más bien el último y la magia sigue presente, cruzamos un riachuelo pedregoso, nos detenemos a tomar un descanso y a esperar al resto del grupo; inevitable era no quitarse las zapatillas y refrescarnos los pies, finalmente varios fuimos iluminados y recibimos ese impulso natural de meternos al agua.  Es algo que no tiene precio, pocos son los deportes que te premian de esta manera, esa medalla intangible vale tanto o más que las de metal.  Un último esfuerzo y ya estamos en Lo Ermita camino a Farellones, 55 kilómetros para cruzar un cordón montañoso, con todas sus exigencias y desafíos, con todo su esplendor.   Nuestra aventura comienza a formar parte de grandes experiencias, de momentos gloriosos, de momentos que no se olvidarán jamás.

JojorGe

jueves, 4 de diciembre de 2014

Tiempo

Creo haber escrito antes o más de alguna mención a este mezquino e impaciente vehículo de la luz, a este sensato aunque me niegue a aceptarlo enemigo del placer.  Las buenas y las malas rachas le son indiferentes y le son su mayor virtud, no perdona como tampoco espera las disculpas.  No entender su doctrina, su fugaz pero permanente presencia se transforma en un pecado en la medida que nos volvemos más viejos o más experimentados, y lo que hace esta profunda diferencia es consecuencia de que tanto le comprendamos.
El tiempo es luz, es un nuevo amanecer, es la vía férrea que nos conduce hacia la eternidad, es la representación infinita de las chances que tenemos para encontrarnos consigo mismos, es la autopista que nos lleva hacia la felicidad, pero es una autopista que también nos desorienta, que nos toma por sorpresa e incluso por subestimar su presencia.     Sólo a través del tiempo se logra la inmortalidad, quien sea capaz de subrayar su andar a aquel elegante suspiro será recordado a través de los años, yo sé de muchos pero son una minoría respecto a las almas que han pasado por este mundo, filósofos, artistas, profetas e incluso asesinos han dejado su registro, desafiando al tiempo, prolongando su estar en la dimensión terrestre.  Todos ellos han dejado un registro material, una obra o una razón para el desprecio de toda una era, pero ahí están, confabulando contra el tiempo y levantando su recuerdo cuando muchas veces debiesen estar en el olvido, cuando tantas veces debiesen haber sido enterrados en vida y con ellos su detestable obra.
El tiempo también es oscuridad, manifestándose y desesperando a un alma enferma, carente de sentido y separada de sus sentidos, incapaz de ver más allá, de despertar o de dejarse despertar, son las almas que se enajenan de la vida y su magia, muchas veces esperando milagros o ser rescatados de los más profundo de su ser.  En la oscuridad el tiempo les castiga y les brinda un ensayo de la eternidad, del furioso castigo de un infierno, de un infierno que construyeron sin darse cuenta.  
No existe el pasado ni el futuro, el tiempo no es una circunstancia tabulada, es tan sólo una corriente que tal como el caudal de los ríos sigue su recorrido inspirado en el infinito, en la luz eterna.  No hay pausas para contemplar sus bondades ni sus castigos e imposible es retroceder para enmendar los trazados del hombre.
El tiempo es luz pero también es oscuridad, el tiempo es amor y también odio, es tiempo de entender que el tiempo abraza la infinidad pero en el centro de todas las cosas es la cosecha personal.

Cito una frase que me robe quien sabe a quien, lo importante es su contenido:

Viejo o Anciano?

Cuando seamos mayores y nos hagan la siguiente pregunta...qué responderemos?

Eres viejo o anciano?
Si has acumulado tiempo entonces eres viejo, pero si has acumulado sabiduria, entonces eres anciano.

JojorGe