lunes, 30 de marzo de 2015

Fueron tantas la veces que te vi partir


El juego parecía terminar una y otra vez,
tormenta mediterránea de grises y soles,
ilusiones derramadas al vacío, 
repliegue consciente para ocultar las heridas.
Fueron tantas las veces que te vi partir,
que el miedo parecía extinguirse ante mis ojos,
fueron tantas las veces que te vi partir,
ya no quedan lamentos, menguantes lágrimas.


El juego parecía terminar una y otra vez,
pacto alterado por cándidos impulsos,
sin juicios ni quiebres, se diluyó entre las ruinas,
no hubo chances para una corona,
no hubo espacio para beber cruzando copas.
Fueron tantas las veces que te vi partir,
puertas agrietadas y cada vez más ceñidas,
fueron tantas la veces que te vi partir,
que algunas veces lo desee en sentencia.
El juego parecía terminar una y otra vez,
portador de luces y sombras,
atrapado en una aturdida fuente de sueños,
por las noches te busqué sin motivos,
y a escondidas de mi mismo te volvía a besar,
son tan necias las razones y a veces 
tan terco el corazón,
no hay espacio para la sabiduría, 
irremediable tortura para el amor.
Fueron tantas las veces que te vi partir,
que el miedo parecía extinguirse ante mis ojos,
fueron tantas las veces que te vi partir,
paradójica suerte para un final sin despedida.

JojorGe

martes, 10 de marzo de 2015

Sobre una cama que alberga el vacío

Sobre una cama que alberga el vacío te lloro,
es el vacío que deja el silencio de tantas noches en vela,
cuerpos desnudos aislados por un océano de rencores,
almas fugitivas perdidas entre la realidad y los sueños.
Despojada por los versos de un falso poema,
no ve más allá de la niebla, no por conciencia sino por miedo,
no por sorpresa sino por caminar en senderos de fuego,
torpe y asustada, desdeñada de sí misma busca su esencia,
entre las ruinas del pasado y las fantasías que habitan su corazón.

Las ilusiones son un fantasma que asusta,
pero más le arrebatan a la tierra que al deseo,
héroe material, mendigo de los sueños,
brota la sangre por entre los pliegues de la piel gastada,
reloj tempestuoso acelera su curso, pierdo el asombro y muero,
el aire se diluye entre las ruinas que custodian mi cuerpo,
el polvo se esparce junto con los que fueran mis logros,
habitante del infinito, alma fugitiva, presa de un infierno.

Sobre una cama que alberga el vacío te lloro,
ni el silencio que me ampara, ni el miedo que me perturba,
pueden evitar que te olvide, destellos intermitentes me traen tu voz,
pero ya es tarde y la muerte sentencia,
en la vida y después de ella,
mientras respires solo quedarán recuerdos,
mientras te recuerde sólo te encontraré en mi mirada,
sobre una cama que alberga el vacío, te lloro.

JojorGe

Liberen al poeta

Liberen al poeta,
del frío invierno, de las hojas secas,
de la funesta incomprensión,
de los gritos desesperados de su don.
Arrastrado por entre las sombras,
caminos de luces, cortinas de confusión,
un destino perdido, una vida sin sentido.
Perplejo y quieto por una conciencia colectiva,
son más bien cadenas que atan la ilusión,
no es su rostro, no es un sangre,
lluvia de acero y silencio,
inundan su talento, ahogan su voz.

Liberen al poeta,
del látigo silencioso del recuerdo,
de las miradas burlonas, ajenas y vacías,
del miedo que condena a los hombres
hasta arrebatarles la piel,
hasta borrarle sus sueños.
Liberen al poeta
del romance enfermizo, del amor sufrido,
de las caricias lastimosas.
Entumecido recorre a escondidas 
entre fantasias y su vida,
a la sazón del verdadero amor.

Liberen al poeta,
espíritu salvaje que corta las amarras,
inspirado por la luna, cobijado por el sol,
viajero de las montañas, de los verdes prados,
amante de la luz y del perfume de la tierra,
goza del silencio que cautiva, que envuelve,
del silencio que expulsa las dudas,
del silencio que abraza los sueños y despierta su pasión.

Liberen al poeta,
lluvia de acero y silencio,
invaden su talento, agitan su voz.