Antes que todo para
la organización: aplausos y más aplausos, decir que fue perfecto es justo y
decir que fue un placer es más emotivo.
Agradecimientos miles a cada de una de las personas que alentó, que
grito, que cariñosamente te brindaba un sorbo no tan sólo de agua sino de ánimo
para seguir enfrentando los desafiantes caminos que nos llevarían a alcanzar la
meta, a alcanzar por esta vez la gloria.
Mis respetos a todos esos valientes competidores que tuvieron la
fortaleza y determinación de culminar las 3 etapas.
Terra Australis MTB
Race (#TAR2017) con sede en Punta Arenas es la carrera más austral del
continente americano, si bien el otoño recién comienza en la Patagonia, el
frío, el hielo, el barro y las interminables piscinas de agua a medio camino
son el condimento que acompaña cada sendero, cada ruta recorrida. Las jornadas comenzaban con una temperatura
nunca superior a los 2ºC y una máxima ya avanzada la mañana cercana a los 10ºC. No quiero parecer injusto y no hacer
reverencia al lugar, porque poder contemplar los bosques otoñales de ñirres,
las bandadas que sobrevolaban la península Brunswick, los ríos australes que se
cruzaban una y otra vez (a menos que hayan hecho un circuito zigzagueante a
propósito jajaja), e incluso esa panorámica al estrecho de Magallanes que nos
deleitó día tras día, eran sin duda un regalo, un impulso a seguir pedaleando
por lugares maravillosos.
Vamos con el
relato.
El primer día pagué
varios noviciados, derechamente varios errores.
Primero que todo me abrigue más de la cuenta, y es que el hombre es un
animal de costumbre y la ropa en exceso comenzó a molestar en la 1ª media hora.
Ya pasados los primeros 45 minutos de carrera de ansioso y emocionado que iba
seguí la rueda de otro corredor omitiendo el marcaje del circuito, bajamos por
un sector trazado como senderos de Chile en medio de la Reserva Magallanes, una
bajada que era un manjar y que termino en una quebrada sin línea para
continuar, chuta ¡estábamos perdidos!, no quedaba más que devolverse y junto a
otro rider animamos al grupo porque ya éramos 7, tal vez 8 los extraviados y
nadie estaba alegre; en definitiva nos restó un poco menos de 15 minutos (lo
confirmé en Strava). A tomar nuevamente
la ruta, a seguir trabajando y hacerse paso entre los deportistas que iban
rezagándose por diversos motivos.
Adelantar y adelantar camaradas era alentador en términos competitivos,
sin embargo, aún quedaba mucho barro por aplastar fuera con las zapatillas o en
el intento con los ruedas de la bici, las piernas y la exaltación comenzaron a
pasar la cuenta, llevaba más de 3 horas de carrera y ya quería tele
transportarme a la China, una vez que salimos del bosque bajamos hacia la
costanera en dirección a La Leñadura, específicamente a un recinto de la CAAF
Los Andes, en la medida que me acercaba podía oír la música y la voz del
“animoso animador”, pero para llegar a la meta quedaba un último esfuerzo una
escalada de no más de 30 metros a la que le eche un par de chuchadas, y al fin
después de más de 4 horas y media pase por meta. 58km de recorrido y un ascenso de 1.400
metros ya eran historia. Pese al frío y
a estar muy mojado, me acerque el quincho, pedí un choripán y lo acompañe de
una cerveza bien helada, necesitaba un premio y rápido, esto último se
convirtió en un ritual al finalizar las 3 etapas.
El segundo día, fue
tal vez el más amigable pero no por eso menos desafiante. En el encajonamiento pudimos notar que no se
presentaron todos los corredores, éramos como un pueblo chico, en esta segunda
etapa las caras ya comenzaban a ser todas medianamente conocidas, saludando y
estrechando la mano con quienes el día anterior nos tocó compartir el
cronometro en algún punto de la Patagonia, y sino reconocías la cara porque iba
tapada con un buff, reconocías la bicicleta.
Esta convivencia además de necesaria fue oportuna porque debimos cruzar
varios campos separados por alambrados o portones que de seguro no fueron
liberados a propósito, uno se trepaba y el otro le pasaba la bicicleta, una vez
aterrizadas las maquinas podíamos continuar con la aventura. Cruzamos la pampa patagónica, un cementerio
de robles y comenzamos a bajar hacia la meta por un bike park natural de a los
menos 2 kilómetros, una delicia. Unos
metros más abajo, un túnel azul, 4 horas y media de tiempo transcurridos, 59
kilómetros de distancia, de magia y una escalada acumulada de 1.400 metros para
alcanzar una vez el túnel azul, la meta.
En lo personal
considero que en el desarrollo de la competencia tenías 2 alternativas, o te
entregabas de lleno a hacer carrera y buscar tu mejor resultado lo que de
seguro te privaría de contemplar más detalles de los permite la vista fija en
el recorrido o bien hacer una mezcla de las anteriores, pero sin mayor énfasis
en el aspecto competitivo. No obstante,
para ambas era muy necesario asumir con humildad las condiciones del entorno, en
lo personal es algo con lo que comulgue recién al tercer día, un aprendizaje un
tanto a la fuerza, como esas cosas que uno nunca aprende a la buena.

Un nuevo amanecer
con vista marina y ya estábamos en la etapa reina como le llamo la
organización. Asumo que la denominación
se debe a que fue la jornada más extensa y ruda, 70km de distancia y 1.800
metros de escalada. La mañana más helada
de todas, largamos en un ruteo controlado y el viento nos hacía resistencia,
una vez liberados se armaron los grupos, las líneas que buscaban esquivar la ventolera,
aunque fuera un poco. Camino ancho y se
nos viene el primer cruce al río, pedalearas o caminaras los pies no se
salvaban del agua (lo que se repitió al menos unas 7 u 8 veces durante la
jornada), comenzó la escalada por unos 7 kilómetros más y nos adentramos al parque,
podía sentir como se quebrajaba el hielo con el paso de las ruedas, la escarcha
en 360º no sólo parecía castigarnos por destruir su gracia, sino que parecía
haberle arrebatado el color al bosque.
Más ñirres, más de esa fauna inquieta que revoletea y se esconde,
troncos cruzados en medio del camino y vamos levantando la bici, una vez más y
el ejercicio se hace con mayor agilidad, en el abastecimiento te alientan, te
gritan, te empujan y aunque parezca gracioso te dan señales de que, aunque
creas que estas en medio de la nada, también hay vida humana y no estás
perdido. Llevaba 4:20 horas de carrera,
pasaba a metros de la meta, sin embargo, aún faltaba un desvío con 5 kilómetros
de asenso brutal hacia las antenas del Cerro Mirador en el Club Andino, el
premio era la bajada zigzagueante, líneas tapizadas en tablas y saltos
incluidos. La etapa la compartí junto a
un nuevo amigo (JP), nos conocimos en carrera y resulta que es de Melipilla, de
la ciudad que me vio crecer y donde viven mis padres. Pese al cansancio acumulado fue mi mejor día
en cuanto a rendimiento, de mejores sensaciones, de mayor disfrute. Se termina el bosque y aparece el túnel azul,
una vez más el “animoso animador” me anuncia, levanto los brazos, la mirada al
cielo, doy las gracias.
Post escrito para MundoBikes